Todos los días, a las cuatro en punto de la tarde, o a veces cuatro y cinco, pasaba por este árbol. Ni una sola hoja en él, ramas frágiles y tronco delgado. No había nada, absolutamente nada alrededor de él, excepto claro la vía por donde pasaba yo y lo veía. Algunas veces me llamaba más la atención que otras, sobre todo cuando el sol le apuntaba y reflejaba su sombra contra los amantes que allí se besaban. Varias veces los vi, hasta una vez los vi jugando con un columpio que ellos mismos habían hecho con una llanta y una cuerda bien sujeta a una de las ramas del árbol. Votaban toda su magia y amor ahí, que era tan fuerte que hasta me llegaba hasta lo más recóndito de mi mente y me hacia preguntarme, o más bien imaginarme toda una historia de los pocos años que habían vivido hasta ahora estos personajes. Él no tendría más de once y ella más de nueve. Ellos eran mis preferidos, aunque las otras personas que visitaban el árbol también eran interesantes. Iban cuatro muchachos, todos los viernes se reunían maliciosamente. Una vez vi salir un revolver de la mochila de uno de ellos, tenía la cara pálida, diez veces más pálida que el resto. Miraba hacia el piso con nervios, saco su arma y se la entrego al que parecía ser el líder. “El líder”… así fue como yo lo llame. Siempre me intereso saber su nombre, pero nunca fui capaz de preguntárselo. De todas las personas que vi bajo el árbol, él fue el único que me vio a mí. Cada vez que pasaba, él me miraba y yo a él. Era alto, con su pinta de chico malo, parecía no tenerle miedo a nada, me gustaba. Solo una vez soñé con él; soñé que mi alma se escapaba de mi cuerpo y se encontraba con él, me ofrecía una torta de frutas, mi postre favorito, yo me lo comía con gusto, pero cada vez que daba un mordisco me salía un chorro de sangre por la boca, finalmente morí desangrada, y él se bebió toda mi sangre. ¿Cómo se llamará?, esa era la pregunta que siempre aparecía en mi mente al verlo. Una vez Antonio, el que se hacía llamar mi mejor amigo, me acompaño en el camino. Pasamos por el árbol y allí estaban esos cuatro, “el líder” me vio, Antonio se dio cuenta y me cogió la mano con fuerza, obligándome a levantarla y mandarle un saludo. Mis cachetes se pusieron rojos de la pena que me dio, y el imbécil de Antonio no podía de la risa.
Pasaban muchas cosas debajo del árbol, era como una obra de teatro y yo su única espectadora.
El veintiuno de octubre, un miércoles, a las cuatro y media, el único día que iba tarde, vi el suceso más deplorable de todos.
Pasaba y vi a Helena, una de mis compañeras de clase. Helena era una niña que no me caía muy bien. Antes éramos las mejores amigas, pero cuando llego Lucia al colegio, se volvió una engreída, drogadicta y promiscua. Se alejo de mí porque su mayor prioridad era tener relaciones sexuales con viejos verdes de cuarenta. A pesar de eso y de su drogadicción, no se le veía nada deteriorada, incluso se veía mejor que antes. Consiguió un novio, Ricardo, un tipo de unos veinte años, alto, flaco y jorobado, pero muy buena persona. La amaba y ella a él. Helena se alejo de Lucia y del colegio, faltaba más a clases porque ahora solo se la pasaba con Ricardo, aun no había dejado las drogas por completo pero ya no lo hacía tanto.
Ese miércoles salí tarde porque me quede hablando con Ricardo que obviamente estaba con Helena, pero Helena salió media hora antes que nosotros, le dijo a Ricardo que tenía que irse porque le tenía una sorpresa. Se le veía tan contenta desde que se había alejado de mí. Parecían haber sido sus mejores años, eso fue precisamente lo que me dijo cuando estábamos hablando Ricardo, ella y yo. Igualmente yo ya lo había notado. Mire el reloj y me di cuenta de que ya iba tarde, me despedí de Ricardo y él de mi y finalmente me fui.
Pasando por el árbol me detuve, el sol brillaba más que siempre, y en la silueta se veía algo más que las simples ramas del árbol. Era helena, se había ahorcado. Su cuerpo se balanceaba con una brisa que pasaba por ahí. Me quede mirando y analizando su cuerpo flaco, caído y escurrido, y su cara completamente morada. Me produjo una risita burlona verla, supongo que fue por todo el rencor que siempre le tuve por haberme olvidado por Lucia, no me importaba nada que se hubiera muerto. Seguí con mi camino y no le dije a nadie lo ocurrido. Al otro día Antonio me comento algo al respecto, no le hice caso. A la semana escuche que Ricardo se había suicidado por helena, tal vez fue un chisme, o a lo mejor fue verdad. Helena no merece que alguien muera por ella, así que siempre dije que había sido un chisme, aunque nunca hubiera vuelto a ver a Ricardo.
Una Familia de once personas descubrió el árbol hace poco. Nuevos personajes de mi obra.
Los domingos se reunían a hacer picnics y gritarse unos a otros. Eran los más cómicos de todos. Siempre el padre, el macho alfa, les gritaba a sus hijos y esposa. El tipo era uno de esos que dejo embarazada a su mujer y “se les acabo la vida”. Machista, gordo, con un espeso bigote negro. Su mujer, Regañona, amargada, todas las noches sueña diferentes maneras de aniquilar a su esposo. Cada cual con su respectivo amante, él, millones de prostitutas, ella, el mejor amigo del hijo mayor. Los niños, cuatro hijos. El mayor de diez y ocho, le sigue el de catorce, la hermana de trece, que vive su adolescencia pensando que es rebelde y no tonta. Y finalmente una niñita muy linda de dos años que aun no sabe nada de su horrenda familia.
El mayor sabe la relación de su madre con su mejor amigo, pero no se atreve a decir nada. El de catorce pelea todo el tiempo con su hermana y prácticamente es su padre en pequeño.
La abuela, no podía faltar, está loca y no se parece a nadie de la familia. Y finalmente el hermano del esposo, con su respectiva mujer y sus dos hijos, que son grandes amigos de Jennifer y Albertico Junior, así nombre a los hijos del medio.
Esta Familia me divertía mucho, eran realmente patéticos. Hasta una vez invite a Antonio a verlos y reírnos juntos, y efectivamente así paso. Ese día fue cuando Antonio me confesó que me amaba, yo me quede callada unos diez minutos hasta que le respondí que yo no lo amaba, que yo amaba a “el líder” y a nadie más. Él me contesto que ya lo sabía, pero que eso no iba a cambiar lo que sentía por mí, no le dije nada, de hecho no hablamos en días. No me hizo falta.
Era otro viernes y yo iba ansiosisima por encontrarme a los cuatro maliantes y a “el líder”, moría por mirarle sus ojos. Cuando llegue no estaban, no había nada, el sol apuntaba pero no había sombra. Ya no estaba el árbol, ni tampoco “el líder”. Ya no volvería a ver a los amantes de once años. Ya no estaba el espíritu de Helena. Ya no me reiría de la familia. Ya no quedaba nada, nunca más nada. Me quede ahí hasta que anocheció y se cerraron las cortinas del escenario.
Pasaban muchas cosas debajo del árbol, era como una obra de teatro y yo su única espectadora.
El veintiuno de octubre, un miércoles, a las cuatro y media, el único día que iba tarde, vi el suceso más deplorable de todos.
Pasaba y vi a Helena, una de mis compañeras de clase. Helena era una niña que no me caía muy bien. Antes éramos las mejores amigas, pero cuando llego Lucia al colegio, se volvió una engreída, drogadicta y promiscua. Se alejo de mí porque su mayor prioridad era tener relaciones sexuales con viejos verdes de cuarenta. A pesar de eso y de su drogadicción, no se le veía nada deteriorada, incluso se veía mejor que antes. Consiguió un novio, Ricardo, un tipo de unos veinte años, alto, flaco y jorobado, pero muy buena persona. La amaba y ella a él. Helena se alejo de Lucia y del colegio, faltaba más a clases porque ahora solo se la pasaba con Ricardo, aun no había dejado las drogas por completo pero ya no lo hacía tanto.
Ese miércoles salí tarde porque me quede hablando con Ricardo que obviamente estaba con Helena, pero Helena salió media hora antes que nosotros, le dijo a Ricardo que tenía que irse porque le tenía una sorpresa. Se le veía tan contenta desde que se había alejado de mí. Parecían haber sido sus mejores años, eso fue precisamente lo que me dijo cuando estábamos hablando Ricardo, ella y yo. Igualmente yo ya lo había notado. Mire el reloj y me di cuenta de que ya iba tarde, me despedí de Ricardo y él de mi y finalmente me fui.
Pasando por el árbol me detuve, el sol brillaba más que siempre, y en la silueta se veía algo más que las simples ramas del árbol. Era helena, se había ahorcado. Su cuerpo se balanceaba con una brisa que pasaba por ahí. Me quede mirando y analizando su cuerpo flaco, caído y escurrido, y su cara completamente morada. Me produjo una risita burlona verla, supongo que fue por todo el rencor que siempre le tuve por haberme olvidado por Lucia, no me importaba nada que se hubiera muerto. Seguí con mi camino y no le dije a nadie lo ocurrido. Al otro día Antonio me comento algo al respecto, no le hice caso. A la semana escuche que Ricardo se había suicidado por helena, tal vez fue un chisme, o a lo mejor fue verdad. Helena no merece que alguien muera por ella, así que siempre dije que había sido un chisme, aunque nunca hubiera vuelto a ver a Ricardo.
Una Familia de once personas descubrió el árbol hace poco. Nuevos personajes de mi obra.
Los domingos se reunían a hacer picnics y gritarse unos a otros. Eran los más cómicos de todos. Siempre el padre, el macho alfa, les gritaba a sus hijos y esposa. El tipo era uno de esos que dejo embarazada a su mujer y “se les acabo la vida”. Machista, gordo, con un espeso bigote negro. Su mujer, Regañona, amargada, todas las noches sueña diferentes maneras de aniquilar a su esposo. Cada cual con su respectivo amante, él, millones de prostitutas, ella, el mejor amigo del hijo mayor. Los niños, cuatro hijos. El mayor de diez y ocho, le sigue el de catorce, la hermana de trece, que vive su adolescencia pensando que es rebelde y no tonta. Y finalmente una niñita muy linda de dos años que aun no sabe nada de su horrenda familia.
El mayor sabe la relación de su madre con su mejor amigo, pero no se atreve a decir nada. El de catorce pelea todo el tiempo con su hermana y prácticamente es su padre en pequeño.
La abuela, no podía faltar, está loca y no se parece a nadie de la familia. Y finalmente el hermano del esposo, con su respectiva mujer y sus dos hijos, que son grandes amigos de Jennifer y Albertico Junior, así nombre a los hijos del medio.
Esta Familia me divertía mucho, eran realmente patéticos. Hasta una vez invite a Antonio a verlos y reírnos juntos, y efectivamente así paso. Ese día fue cuando Antonio me confesó que me amaba, yo me quede callada unos diez minutos hasta que le respondí que yo no lo amaba, que yo amaba a “el líder” y a nadie más. Él me contesto que ya lo sabía, pero que eso no iba a cambiar lo que sentía por mí, no le dije nada, de hecho no hablamos en días. No me hizo falta.
Era otro viernes y yo iba ansiosisima por encontrarme a los cuatro maliantes y a “el líder”, moría por mirarle sus ojos. Cuando llegue no estaban, no había nada, el sol apuntaba pero no había sombra. Ya no estaba el árbol, ni tampoco “el líder”. Ya no volvería a ver a los amantes de once años. Ya no estaba el espíritu de Helena. Ya no me reiría de la familia. Ya no quedaba nada, nunca más nada. Me quede ahí hasta que anocheció y se cerraron las cortinas del escenario.
Re heavy el cuento. Tiene cosas que me gustan y cosas que no. Casi me orina de la risa cuando lo del pastel de frutas, me pareció una escena re bien concebida. También me gustó la familia patética y el personaje del líder. Y claro, mi sorpresa fue mayúscula al ver a mi homónimo en el cuento, hasta miedo me dio. No me gustó Helena ahorcada ni la confesión de Antonio. Me divertí leyéndolo.
ResponderEliminarCreo que ya lo había leído...O si no, me recuerda a uno. Ah! Sabe a cuál? Al de el elefante (existe ese cuento?). Bueno, me gustó. Creo que hay ciertas cosas 'extra', como ciertos aspectos de los personajes. Aunque en general me gustó.
ResponderEliminarEn general, me gusta bastante. Hay descripciones bien logradas y el cuento tiene un ambiente propio. En cuanto a posibles correcciones, se me ocurren dos cosas, pero de la segunda no estoy muy seguro. Creo que vale la pena echarle una última revisada y lo digo porque le faltan tildes, porque algunas frases todavía se pueden mejorar, porque la división de los párrafos tiene problemas y porque el orden con el que saltas de un episodio a otro es algo confuso. La otra posible corrección sería profundizar en las cosas que cuentas. Sobre eso es que no estoy seguro. Puede que la confusión le de parte del ambiente al cuento; puede que aclarar las cosas sea dañino. Lo cierto es que el episodio de Helena es casi imposible de interpretar; de la pareja de niños no vuelves a decir nada; y el narrador sabe cosas que no tiene cómo saber acerca de la familia grande.
ResponderEliminarCuando leí el cuento por primera vez, me costó trabajo entender varias cosas y pensé, como Antonio, que algunas me gustaban y que otras no. Ahora que lo veo con cuidado me parece, más bien, que ninguna me fascina pero que todas tienen algo de encanto. La preguntas entonces serían: ¿hay algo que se pueda hacer para enfatizar el ambiente y el encanto del cuento?, ¿se puede dejar el suicidio de Helena pero quitar o cambiar su historia?, ¿qué tanto se pueden mejorar las frases para que sean más memorables? Y la más importante de todas: ¿Será que lo mejor es dejar el cuento así,que el absurdo se conjuga con más efecto cuando el cuento es un poco desprolijo?
En fin, el cuento está chévere y me alegra que tiene ciertas pretensiones. Dependiendo de con qué se le compare diría que está o bien o muy bien. :)
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